Cuando la educación comienza en casa: nuestro camino hacia el homeschooling

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Comencé a escuchar y pensar sobre homeschooling cuando nació mi primera hija. Pensaba: “Aún tengo tiempo para entretener ese pensamiento”. Pero el tiempo pasó muy rápido. De repente, mi hija cumplió dos años y comencé a enseñarle poco a poco sonidos y letras en español, por mi cuenta.

Mi esposo y yo empezamos entonces a dialogar sobre las posibilidades educativas para nuestra hija. Queríamos pensar no solamente en dónde estudiaría, sino también en qué tipo de educación queríamos ofrecerle y cuáles eran las prioridades de nuestra familia.

Entonces llegó nuestro segundo hijo. Como nuestros hijos se llevan dos años, la responsabilidad de su educación —tanto académica como espiritual— comenzó a tomar una dimensión mucho más importante para nosotros. Como familia católica, queríamos que la formación espiritual no estuviera separada de la formación académica. También deseábamos que nuestros hijos aprendieran español como su primer idioma y que crecieran con un vínculo profundo con nuestra lengua y nuestra cultura.

Comenzamos a visitar colegios católicos y a conversar sobre las ventajas y desventajas de las diferentes opciones. Entre ellas estaba el homeschooling.

La experiencia que cambió nuestra perspectiva

Finalmente, decidimos enviar a nuestra hija a un grupo de tres años en un colegio católico. Pensamos que sería una buena oportunidad para conocer el ambiente escolar y observar cómo respondía ella.

Ese año fue difícil para mí. Comencé a notar que la literatura que estaban leyendo no era precisamente la que yo consideraba apropiada para mi niña. Al mismo tiempo, veía que mi hija captaba los conceptos con mucha rapidez.

En una ocasión, su maestra me dijo: “Ella es mi ayudante porque aprende rápido y ayuda a los otros niños”. Aquellas palabras me hicieron pensar mucho. No quería que mi hija fuera la ayudante del salón sino que sus intereses y formación académica fueran atendidos y su ritmo de aprendizaje considerado.

Fue entonces cuando comencé a preguntarme seriamente: ¿Y si yo pudiera tomar un papel más activo en la educación de mis hijos?

Comenzar a aprender antes de comenzar a enseñar

A partir de ese momento decidí investigar más sobre homeschooling. Comencé a leer, escuchar experiencias de otras familias y aprender todo lo que podía sobre cómo educar en casa. Pero descubrí algo importante: educar en casa no significa simplemente trasladar la escuela al hogar.

Para nosotros, significaba construir una forma de educación que tuviera sentido dentro de nuestra familia. Decidí comenzar despacio. No necesitábamos tener todo resuelto desde el primer día. No necesitábamos conocer todos los métodos educativos ni tener una sala de clases perfecta. Necesitábamos comenzar a conocer las necesidades de nuestros hijos y construir poco a poco una estructura que pudiera responder a ellas.

Así comenzamos. Creamos una rutina en casa que atendiera las necesidades académicas y espirituales de nuestros hijos. Para mi esposo y para mí, ambas dimensiones son importantes y deben caminar juntas. Queríamos que nuestros hijos aprendieran a leer, escribir, razonar, investigar y descubrir el mundo. Pero también queríamos acompañarlos en el desarrollo de su fe, sus virtudes, su carácter y su relación con Dios.

Dos años después

Gracias a Dios, actualmente llevamos dos años haciendo homeschool. Mi hija está en primer grado y mi hijo en pre-kínder. También, hemos sumado otra hijita de 2 años e hijo de 7 meses. Cuando miro hacia atrás, pienso en aquella mamá que, cuando nació su primera hija, decía: “Todavía tengo tiempo para pensar en esto”.

Hoy entiendo que ese pensamiento necesitaba tiempo para crecer. El homeschooling no comenzó para nosotros con un currículo, una mesa de trabajo o una lista de libros. Comenzó con preguntas. ¿Qué educación queremos para nuestros hijos? ¿Qué valores queremos que formen parte de su vida cotidiana? ¿Qué lugar queremos que ocupen el español y nuestra cultura? ¿Cómo queremos acompañarlos en su crecimiento académico y espiritual? Y, sobre todo: ¿Qué podemos hacer como padres para participar activamente en su educación?

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